23.5.12

Un pobre sin ella


Es su forma, sus caricias en la espalda,                             
las manos de espiga ¡a poblar campos amada!
lo que enloquece al viento, al alma, 
a aquel tipo de esquina hambriento,
con la mirada rasgada ¡No, no era tuerto! 
veía a su musa y explicaba, 
yo tengo el poder de imaginarla, 
pensaba un momento... lo tenía, 
tiene ojos de faro e ilumina, 
usa a los vagabundos en su pena, 
vuela con un estilo lento, 
posándose en la tapicería.
Va desnuda y va vestida, 
se pinta los labios de color arena, 
brinca un poco con sentimiento,
y se le alborota el liso muerto,                              
empieza a correr la ironía 
pasa de tristeza a vida, 
como le gustaría verla,
fuera de sus noches 
y dentro de sus días.